Ansiedad · Entre líneas y síntomas
La ansiedad suele aparecer por las noches porque es el momento en que se apagan las distracciones del día y queda espacio para aquello que durante horas mantuvimos a distancia. Desde el psicoanálisis, esa angustia nocturna no es un error del cuerpo ni algo que solo haya que silenciar: es una señal. Algo de nuestra historia, de nuestros deseos o de nuestros conflictos pide ser escuchado justo cuando ya no hay ruido que lo tape.
Cuando todo se calla
Durante el día estamos ocupados: el trabajo, los hijos, el celular, las conversaciones, las listas de pendientes. Todo eso cumple una función que pocas veces notamos: nos mantiene lejos de nosotros mismos. Pero al apagar la luz, el mundo exterior se retira, y lo que quedó en suspenso empieza a hablar.
Es entonces cuando aparecen los pensamientos que dan vueltas, la opresión en el pecho, el corazón acelerado, la sensación de que algo malo va a pasar sin saber bien qué. Muchas personas dicen: "Durante el día estoy bien; es en la noche cuando me ataca". Esa frase dice mucho: lo que ataca por la noche no viene de afuera, viene de adentro, y espera el silencio para hacerse presente.
"La noche no crea la angustia: le quita los disfraces."
La angustia como señal
Freud dedicó buena parte de su obra a pensar la angustia. En un primer momento la entendió como el resultado de algo que no podía descargarse; más tarde, en Inhibición, síntoma y angustia (1926), la definió como una señal: una alarma que el yo emite frente a un peligro interno, frente a algo que amenaza con aparecer y que todavía no sabemos tramitar.
Jacques Lacan dio un paso más al decir que la angustia "no engaña". A diferencia de otros afectos, que pueden desplazarse o disfrazarse, la angustia señala que estamos cerca de algo verdadero de nosotros mismos: un deseo que no nos animamos a reconocer, una pérdida que no terminamos de elaborar, una pregunta sobre lo que el otro espera de nosotros.
Por eso, cuando la ansiedad nocturna se repite, más que preguntarse solamente "¿cómo hago para dormir?", vale la pena preguntarse: ¿qué es lo que no me deja descansar?
Dormir es soltar
Para dormir hace falta algo que parece simple y no lo es: dejar de vigilar. Entregarse al sueño implica soltar el control, aceptar no saber qué pasará mientras dormimos. Para algunas personas, ese abandono se vuelve imposible. Quedarse despiertas es una forma de seguir en guardia, como si bajar la vigilancia expusiera a un peligro.
Freud decía que el sueño es el guardián del dormir: los sueños transforman nuestros deseos y conflictos en imágenes para que podamos seguir durmiendo. Cuando ese trabajo no alcanza, nos despertamos sobresaltados, o directamente no logramos entregarnos al descanso. El insomnio, entonces, puede leerse como el lugar donde algo que no fue dicho de día insiste de noche.
Lo que suele estar detrás
- Duelos no elaborados. Una pérdida que se atravesó "sin tiempo para llorar" a veces regresa en forma de angustia nocturna.
- Exigencias que no se cuestionan. La sensación de que nunca se hace lo suficiente, de tener que rendir cuentas, de no poder fallar.
- Conflictos en los vínculos. Lo que no se puede decir a la pareja, a los padres o a los hijos, se dice luego, en soledad, dentro de la cabeza.
- Decisiones postergadas. Un trabajo, una relación o un proyecto que se sostiene aunque ya no se desea.
- Viejos miedos de la infancia. La oscuridad, la soledad, el temor a ser abandonado: temores que parecían superados pueden reactivarse en momentos de crisis.
El niño que tenía miedo a la oscuridad
Freud cuenta en una nota de sus Tres ensayos de teoría sexual (1905) la escena de un niño que, en una habitación a oscuras, le pide a su tía que le hable. Ella le responde que de qué le sirve, si igual no puede verla. Y el niño contesta: "Si alguien habla, se hace luz".
Esa frase resume algo esencial del psicoanálisis. Lo que el niño temía no era la oscuridad en sí, sino la ausencia de alguien. La palabra del otro hacía presente un lazo, y con eso la angustia cedía. De adultos no somos tan distintos: muchas veces lo que necesitamos en esas noches no es una técnica para dejar de pensar, sino un lugar donde eso que nos desvela pueda, por fin, ser dicho y escuchado.
Un ejemplo
Ejemplo ilustrativo, no corresponde a una persona real. Una joven de 27 años consulta porque desde hace meses se despierta cada noche a las tres de la mañana con el corazón acelerado. Durante el día no siente nada parecido. En las sesiones cuenta que está por casarse y que "todo está bien", aunque cada vez que habla de la boda cambia de tema. Un día dice, casi sin querer: "A veces siento que me estoy despertando de algo". Allí comenzó a desplegarse una pregunta que no se había permitido hacer en voz alta: si ese era realmente su deseo o el de los demás.
¿Qué puedes hacer mientras tanto?
No se trata de pelear contra la angustia, porque cuanto más se la combate, más fuerza parece tomar. Algunas ideas que pueden ayudar:
- Escribir antes de dormir. Poner en palabras, aunque sea en un cuaderno, lo que dio vueltas durante el día. No para resolverlo, sino para que tenga un lugar fuera de la cabeza.
- Prestar atención a lo que se repite. ¿La angustia aparece ciertos días, después de ciertas conversaciones, en ciertas fechas? Esas repeticiones son pistas.
- Anotar los sueños. Para el psicoanálisis, los sueños son la vía regia hacia lo inconsciente. Lo que se sueña después de una mala noche puede decir mucho.
- No quedarse en silencio. Hablar con alguien de confianza o con un profesional rompe la soledad en la que la angustia se hace más intensa.
Cuándo consultar
Vale la pena buscar un espacio de escucha si la ansiedad nocturna se repite durante semanas, si afecta tu rendimiento o tu ánimo durante el día, si empiezas a temerle a la hora de dormir o si recurres al alcohol, a pastillas sin indicación médica o a otras sustancias para poder descansar.
Si junto a la angustia aparecen síntomas físicos intensos como dolor en el pecho, falta de aire o desmayos, consulta primero a un médico para descartar causas orgánicas. Y si en esas noches aparecen pensamientos de hacerte daño, no esperes: en Ecuador puedes llamar gratis a la línea 171, opción 6, o al 911 en caso de emergencia.
¿La noche te está diciendo algo?
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Bibliografía breve
- Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. Obras Completas IV–V. Amorrortu Editores.
- Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. Obras Completas VII. Amorrortu Editores.
- Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. Obras Completas XX. Amorrortu Editores.
- Lacan, J. (1962–1963). El Seminario, libro 10: La angustia. Paidós.
Escrito por Mara Betancourtt Aguilera, psicóloga clínica y psicoanalista en Cuenca, Ecuador. Este artículo es informativo y no sustituye una consulta profesional.
