Adolescencia · Entre líneas y síntomas
Cuando un adolescente deja de hablar con sus padres, casi nunca es porque haya dejado de quererlos. Muchas veces el silencio es parte de algo que tiene que pasar: separarse un poco para empezar a ser alguien propio. El desafío para los padres es distinguir ese silencio necesario de uno que esconde sufrimiento.
"Antes me contaba todo y ahora solo me dice 'bien'." "Se encierra en su cuarto con el celular." "Si le pregunto algo, se enoja." Son frases que muchas madres y padres traen a consulta con una mezcla de tristeza y preocupación.
Por qué se alejan
En la adolescencia el cuerpo cambia, aparecen deseos nuevos y la imagen que el chico o la chica tenía de sí se desarma. Freud habló de "la metamorfosis de la pubertad". Para construir una identidad propia, el adolescente necesita tomar distancia de lo que sus padres pensaban de él cuando era niño. A veces lo hace con portazos, a veces con silencio.
Françoise Dolto comparaba al adolescente con una langosta que cambia de caparazón: durante un tiempo queda sin protección, muy expuesta, y por eso se esconde. El cuarto cerrado puede ser ese refugio mientras se arma el caparazón nuevo.
"Un adolescente que se aleja no siempre está huyendo. A veces está aprendiendo a ser alguien."
Cuándo el silencio es una señal de alerta
Hay silencios que forman parte del crecimiento y otros que piden atención. Conviene consultar si notas:
- Cambios bruscos en el sueño, la comida o el rendimiento escolar.
- Que dejó de ver a todos sus amigos, no solo a la familia.
- Tristeza o irritabilidad que dura semanas.
- Heridas en brazos o piernas que intenta ocultar, o ropa de manga larga en días de calor.
- Frases como "nada tiene sentido", "sería mejor desaparecer".
- Señales de que puede estar viviendo acoso escolar o en redes.
Ante señales de autolesión o ideas de muerte, no esperes: busca ayuda profesional cuanto antes. En una emergencia en Ecuador, llama a la línea 171, opción 6, o al 911. Si vives en otro país, llama al número de emergencias local.
Lo que puede ayudar
- Estar disponible sin perseguir. Los adolescentes suelen hablar cuando no se les pregunta directamente: en el carro, mientras cocinan, tarde en la noche. Estar cerca en esos momentos vale más que un interrogatorio.
- Escuchar antes de corregir. Si cada cosa que cuenta termina en un sermón, dejará de contar.
- Hablar de ti. Contar algo de tu propia adolescencia, incluidos tus errores, abre puertas.
- Sostener los límites. Distancia no significa ausencia de reglas. Los límites claros también son una forma de cuidado.
- Mirar lo que pasa en casa. A veces el silencio del adolescente habla de algo familiar: una separación, tensiones entre los padres, un duelo que nadie nombra.
Un ejemplo
Ejemplo ilustrativo, no corresponde a un adolescente real. Una madre consulta porque su hija de 15 años "ya no le habla". En las entrevistas aparece que la chica dejó de hablar más o menos cuando los padres empezaron a discutir por la posible separación, de la que nadie le había dicho nada. Cuando los padres pudieron contarle lo que pasaba, con palabras adecuadas a su edad, la hija dijo: "Ya sabía. Lo que no sabía era si podía preguntar".
Un espacio propio para el adolescente
A veces el adolescente necesita un lugar para hablar que no sea la casa. Un espacio terapéutico propio, donde lo que dice no se cuenta a los padres, puede ser ese lugar. Y muchas veces, en paralelo, a los padres les sirve un espacio de orientación para pensar cómo acompañar.
¿Tu hijo o hija adolescente se alejó y te preocupa?
Atiendo a adolescentes y brindo orientación a madres y padres, en Cuenca y online, también si viven fuera de Ecuador. Escríbeme y vemos juntos por dónde empezar.
Te puede interesar
- ¿Qué hay detrás del bullying? Una mirada psicoanalítica
- ¿Cuándo ir al psicólogo? Señales de que algo pide ser escuchado
Bibliografía breve
- Dolto, F. (1990). La causa de los adolescentes. Seix Barral.
- Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual (III: «Las metamorfosis de la pubertad»). Obras Completas VII. Amorrortu Editores.
- Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa.
Escrito por Mara Betancourtt Aguilera, psicóloga clínica y psicoanalista en Cuenca, Ecuador. Este artículo es informativo y no sustituye una consulta profesional.
