Apego

¿POR QUÉ REPITO RELACIONES QUE ME HACEN DAÑO? Una mirada psicoanalítica

Persona sentada reflexionando después de una ruptura amorosa

Relaciones, vínculos y salud emocional

¿Por qué siempre vuelvo a lo mismo?

Cuando repetimos relaciones que duelen, quizá no se trata solo de mala suerte: puede haber una historia interna intentando ser escuchada.

Es un secreto que muchas personas guardan para sí mismas: “¿Por qué siempre vuelvo a lo mismo? ¿Por qué termino, una vez más, en una relación donde me siento poco valorada o valorado, poco escuchada o escuchado, o incluso lastimada o lastimado?”.

Tal vez lo has conversado con algún amigo. Tal vez no lo has dicho nunca en voz alta. Pero, en el fondo, la pregunta persiste y a veces duele más que el propio final de la relación.

A veces creemos que esta vez será diferente, que hemos aprendido la lección, que ahora sí vamos a elegir distinto. Pero cuando nos damos cuenta, ya estamos repitiendo una historia conocida: deseando algo nuevo y, sin embargo, caminando por lugares familiares.

“No siempre repetimos porque queremos sufrir. A veces repetimos porque algo de nuestra historia todavía no ha encontrado palabras.”

No se trata solo de mala suerte, ni de falta de fuerza de voluntad. Hay algo en nosotros que elige sin que lo notemos, una especie de guion interno que se despliega de manera silenciosa.

¿Por qué nos pasa esto?

Aunque nos propongamos cambiar, muchas veces terminamos eligiendo una y otra vez el mismo tipo de relación que ya nos hizo daño. ¿Por qué sucede esto, incluso cuando somos conscientes del sufrimiento que puede traer?

Desde el psicoanálisis, esta tendencia a la repetición no es una simple casualidad ni una especie de mala suerte. Está ligada a algo más profundo que opera en nuestra vida psíquica.

El ser humano no siempre elige desde la razón o desde la voluntad. Muchas veces elegimos desde lugares menos visibles: desde marcas que dejaron las primeras experiencias, desde heridas antiguas, desde deseos que ni siquiera sabemos que tenemos.

El inconsciente también participa en nuestras elecciones

Es como si una parte de nosotros —eso que el psicoanálisis llama inconsciente— buscara, casi de manera secreta, revivir historias conocidas. No porque sean buenas, sino porque son familiares.

El goce: cuando lo familiar duele, pero atrae

Hay un concepto difícil de poner en palabras, pero muy importante para entender estas repeticiones: el goce.

El goce podría pensarse como esa mezcla extraña de placer y sufrimiento que nos mantiene atados a algo que nos hace daño. A veces, aunque conscientemente no queramos sufrir, una parte de nosotros se aferra a experiencias conocidas porque nos dan una identidad, porque nos conectan con viejas historias o porque nos permiten ocupar un lugar que, aunque duela, ya sabemos habitar.

Ejemplo 1

Una persona que siempre termina con parejas que la critican o desvalorizan puede estar, sin saberlo, repitiendo una antigua sensación de no ser vista o reconocida.

Ejemplo 2

Alguien que se siente atraído por relaciones imposibles, lejanas o conflictivas podría estar buscando, sin querer, una escena conocida: esforzarse por ser elegido.

En estos casos, el dolor no es solamente sufrimiento. También puede haber algo de ese “placer secreto” de volver a ocupar un lugar conocido, aunque lastime.

“Lo familiar puede sentirse más seguro que lo nuevo, incluso cuando lo familiar duele.”
Pareja sentada separada en una habitación simbolizando distancia emocional
Algunas relaciones actuales pueden reactivar lugares emocionales antiguos: abandono, desvalorización, distancia o necesidad constante de ser elegido.

Relación entre la historia personal y el inconsciente

Puede resultar desconcertante darnos cuenta de que, aunque somos adultos y capaces de tomar decisiones, a veces terminamos siguiendo caminos que no entendemos. Es como si algo “de adentro” tuviera más fuerza que nuestra voluntad.

El psicoanálisis sostiene que mucho de lo que elegimos se juega en un territorio invisible: el inconsciente. Ahí quedan grabadas las primeras experiencias, sobre todo aquellas vividas en la infancia y en los vínculos más tempranos: la relación con nuestros padres, hermanos o quienes nos cuidaron.

Esos primeros lazos dejan huellas profundas: viejas formas de sentirnos amados, valorados, escuchados o tenidos en cuenta. A veces, además, existen lealtades invisibles: formas de permanecer fieles, casi sin darnos cuenta, a historias familiares, mandatos o lugares que un día nos fueron asignados.

Lealtades invisibles

Alojar una tristeza, repetir un “no poder ser feliz” o vivir fracasos amorosos una y otra vez puede ser, en algunos casos, una forma inconsciente de pertenecer, de no diferenciarse o de no “traicionar” una historia familiar marcada por el dolor.

Por ejemplo, alguien que ha visto a su madre resignar su felicidad por los demás quizás, en la adultez, repita esa renuncia en sus propias relaciones, sintiendo que amar siempre implica sacrificarse o perderse a sí mismo.

Otra persona, testigo de conflictos o abandonos en la familia, puede tender, sin saber por qué, a buscar parejas distantes o relaciones donde tiene que esforzarse todo el tiempo por ser aceptada.

Mano tocando fotografías familiares antiguas sobre una mesa
Nuestra historia familiar puede dejar huellas silenciosas en la forma en que amamos, esperamos, cedemos o elegimos.

El síntoma como mensaje

A menudo nos enfrentamos al dolor de la repetición preguntándonos con frustración: “¿Por qué me vuelvo a encontrar aquí, otra vez?”.

Desde el psicoanálisis, podríamos formular una pregunta distinta: ¿y si esa repetición, ese síntoma que aparece en las relaciones, no fuera simplemente un error, sino un mensaje que busca ser escuchado?

Un síntoma —ya sea una angustia, una relación que no funciona o una elección que nos lastima— puede funcionar como una especie de lenguaje secreto: una forma que tiene nuestro inconsciente de decir lo que no supimos, no pudimos o no nos dejaron decir en su momento.

“La pregunta no es solo: ¿cómo dejo de sufrir esto?, sino también: ¿qué está tratando de decirme mi sufrimiento sobre mí y sobre mi historia?”

Así, lo que hoy se vive como un problema puede estar mostrando algo no resuelto del pasado, un deseo silenciado o un conflicto interno que nunca encontró palabras.

En este sentido, el síntoma no es solo algo que hay que eliminar. También encierra un sentido, una verdad singular y única de cada historia. El sufrimiento puede convertirse en la vía por la cual algo del mundo interno busca salir a la superficie, como si insistiera en ser reconocido y, finalmente, entendido.

Escuchar la repetición puede abrir una salida

Darle un lugar a ese síntoma, escuchar lo que viene a mostrar y poner en palabras lo que antes solo se repetía puede ser el comienzo de una transformación profunda.

La repetición no es un destino inevitable

Si bien no elegimos desde la conciencia todos los caminos que recorremos, sí podemos empezar a elegir cómo mirarlos, cómo narrar nuestra historia y, sobre todo, cómo abrir espacio a algo nuevo.

La repetición no es un destino inevitable. Es un llamado a detenerse y a dar valor a aquello que hemos sentido, vivido y, muchas veces, callado.

Cuando comenzamos a escuchar lo que hay detrás de nuestras elecciones, a preguntar y a poner en palabras nuestro malestar, algo empieza a cambiar. El círculo ya no es un laberinto sin salida, sino el punto de partida para una vida más consciente, más libre y más propia.

Persona conversando con terapeuta en un espacio de escucha psicológica

¿Te has encontrado repitiendo vínculos dolorosos?

Si sientes que vuelves una y otra vez a relaciones donde no te sientes valorada, valorado, escuchada o escuchado, podemos pensar juntos tu historia en un espacio de escucha, respeto y acompañamiento profesional.

Agenda una orientación

Bibliografía breve

  • • Bleichmar, H. (1997). El deseo y la repetición: Nuevas perspectivas psicoanalíticas. Paidós.
  • • Freud, S. (1914). Recordar, repetir y reelaborar. Obras Completas XII. Amorrortu Editores.
  • • Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Obras Completas XVIII. Amorrortu Editores.
  • • Lacan, J. (1972-1973). El Seminario, libro 20: Aún. Paidós.
  • • Meler, I. (2010). Amor y sufrimiento psíquico: Complejidades del vínculo amoroso. Paidós.
  • • Nasio, J.-D. (2007). El dolor psicológico. Paidós.
  • • Mitchell, S. & Black, M. (2010). Psicología psicodinámica contemporánea. Morata.
  • • Bowlby, J. (1985). El apego y la pérdida. Vol. 1: El apego. Paidós.
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