Ansiedad infantil

MONSTRUOS, OSCURIDAD Y FANTASMAS: LOS MIEDOS INFANTILES TAMBIÉN HABLAN

Crianza, infancia y salud emocional

Una mirada amorosa sobre lo que tu hijo intenta decir cuando tiene miedo

Cuando un niño teme a la oscuridad, a los monstruos o a dormir solo, quizá no está exagerando: puede estar intentando expresar algo que todavía no sabe poner en palabras.

Para un adulto, el monstruo debajo de la cama no existe. Para un niño, en cambio, puede sentirse completamente real. Tu hijo puede llorar antes de dormir, pedirte que dejes la luz encendida, llamarte varias veces durante la noche o decirte que hay “algo” en su cuarto.

Tal vez ya revisaste el armario, miraste debajo de la cama y le repetiste: “no hay nada”. Pero aun así, el miedo vuelve. Y entonces aparece una pregunta que muchas madres y padres se hacen en silencio: “¿Será normal?”, “¿lo estaré haciendo mal?”, “¿por qué mi hijo tiene tanto miedo?”.

Niño sentado en la cama con miedo durante la noche
Para un niño, el miedo nocturno puede sentirse muy real, aunque el adulto no vea ningún peligro.
“Aunque el fantasma no exista, el miedo sí existe. Y cuando un niño siente que su miedo es escuchado, algo empieza a calmarse.”

Cuando el miedo infantil necesita ser escuchado

La buena noticia es esta: los miedos infantiles son frecuentes y muchas veces forman parte del desarrollo emocional de los niños. No significan necesariamente que algo grave esté pasando. Pero sí merecen ser escuchados.

A veces, detrás del miedo a la oscuridad, a los monstruos o a los fantasmas, hay una emoción que el niño todavía no sabe poner en palabras. Desde el mundo adulto intentamos calmar rápido: “eso no existe”, “no tengas miedo”, “ya estás grande”, “no pasa nada”. Lo decimos con amor, porque queremos aliviar, pero para un niño el miedo no desaparece solo porque el adulto le explique que el monstruo no existe.

Un pequeño cambio que puede hacer una gran diferencia

En lugar de decir únicamente “no hay nada”, puedes transmitirle: “Te creo que tienes miedo. Estoy aquí contigo. Vamos a entender juntos qué pasa.”

Madre acompañando a su hijo antes de dormir
Acompañar con calma puede ayudar al niño a sentirse seguro durante la noche.

El miedo infantil puede ser una forma de hablar

Los niños no siempre dicen lo que les pasa de manera directa. A veces no pueden expresar con claridad: “me cuesta separarme de ti”, “extraño cómo eran las cosas antes”, “me siento desplazado desde que nació mi hermano”, “me da miedo que te vayas” o “no sé qué hacer con mi enojo”.

En lugar de eso, pueden decir: “hay un monstruo”, “no quiero dormir solo”, “me da miedo la oscuridad”, “hay fantasmas” o “quiero dormir contigo”.

Lo que el niño dice

  • • “Hay un monstruo”.
  • • “No quiero dormir solo”.
  • • “Me da miedo la oscuridad”.
  • • “Hay fantasmas”.
  • • “Quiero dormir contigo”.

Lo que podría estar intentando expresar

  • • “Necesito sentirme seguro”.
  • • “Me cuesta separarme”.
  • • “Tengo emociones que no entiendo”.
  • • “Necesito tu presencia”.
  • • “Algo me angustia y no sé decirlo”.

Desde una mirada psicológica y psicoanalítica, estos miedos pueden entenderse como una manera en que el mundo interno del niño intenta expresarse. El monstruo, la oscuridad o el fantasma pueden darle forma a algo que todavía no encuentra palabras.

“En vez de preguntarnos solo cómo hacer que deje de tener miedo, también podríamos preguntarnos: ¿qué estará intentando decir este miedo?”

¿Por qué los miedos aparecen tanto en la noche?

La noche es un momento muy especial para los niños. Dormir implica separarse: separarse del día, de los juegos, de la luz, del movimiento y, muchas veces, de la presencia cercana de mamá o papá. Para algunos niños, esa separación puede sentirse enorme.

Durante el día pueden estar ocupados, distraídos, jugando o yendo de un lado a otro. Pero cuando llega la noche, el silencio permite que aparezcan emociones que estaban guardadas. Por eso no es raro que los miedos surjan justo antes de dormir.

No siempre es manipulación. No siempre es “maña”. No siempre es desobediencia. A veces es angustia, necesidad de seguridad o una forma de pedir presencia.

Madre leyendo un cuento a su hijo antes de dormir
Una rutina tranquila antes de dormir puede disminuir la ansiedad nocturna.

Lo que puedes hacer cuando tu hijo tiene miedo

No necesitas tener todas las respuestas. A veces, lo más importante no es resolver el miedo de inmediato, sino acompañarlo de una manera que le ayude a sentirse seguro.

1

Mantén la calma

Respira y acércate con tranquilidad. Tu calma le ayuda a sentirse seguro. Puedes decirle: “Estoy aquí contigo.”

2

Valida su miedo

No minimices lo que siente. En vez de decir “eso no existe, no seas miedoso”, prueba con: “Entiendo que tienes miedo. Para ti se siente muy real.”

3

Acompáñalo unos minutos

Quédate cerca, abrázalo si lo permite y háblale con voz suave. Puedes decir: “Vamos a revisar juntos y luego te acompaño a dormir.”

4

Haz una pregunta simple

No lo llenes de preguntas. Una basta: “¿Qué es lo que más te asusta?” o “¿Dónde sientes el miedo?”

5

Dale un recurso concreto

Puedes usar una luz tenue, un peluche, una manta especial o una frase de seguridad: “Cuando tengas miedo, abraza tu peluche y recuerda: mamá está cerca.”

6

Mantén una rutina

Haz siempre una secuencia parecida antes de dormir: baño, pijama, cuento, abrazo, luz tenue y despedida. La rutina le da seguridad.

7

Evita pantallas antes de dormir

Los videos, juegos o imágenes intensas pueden aumentar los miedos nocturnos. Intenta apagar pantallas al menos una hora antes de dormir.

Niño abrazando un peluche como recurso de seguridad
Un objeto de apego, como un peluche o una manta, puede ayudar al niño a sentirse acompañado.

¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

No todos los miedos infantiles requieren terapia. Muchos son pasajeros y disminuyen con acompañamiento, escucha y tiempo. Pero puede ser importante consultar con profesionales cuando:

  • • El miedo es muy intenso o frecuente.
  • • Interfiere con el sueño durante varias semanas.
  • • El niño deja de hacer actividades que antes disfrutaba.
  • • Aparecen dolores de panza, vómitos o malestares físicos sin causa médica clara.
  • • Hay llanto constante al separarse de mamá o papá.
  • • El miedo aparece después de un cambio importante: separación, mudanza, duelo, nacimiento de un hermano o cambio de escuela.
  • • Hay pesadillas repetidas.
  • • El niño se muestra muy irritable, retraído o angustiado.
  • • La familia ya no sabe cómo acompañarlo sin agotarse.

Pedir ayuda no significa que hayas fallado como madre o padre. Al contrario: pedir ayuda también es una forma de cuidar. A veces, una orientación profesional permite entender qué está pasando, acompañar mejor al niño y devolver tranquilidad a toda la familia.

No tienes que atravesarlo sola

Si sientes que los miedos de tu hijo se repiten, te preocupan o están afectando el descanso familiar, puedes agendar una primera orientación con nuestros profesionales. Escuchar a tiempo también es una forma de cuidar.

Agenda una orientación

Bibliografía breve

  • • Winnicott, D. W. (1971). Realidad y juego. Gedisa.
  • • Bowlby, J. (1988). Una base segura. Paidós.
  • • Freud, A. (1965). Normalidad y patología en la niñez. Paidós.
  • • Dolto, F. (1985). La causa de los niños. Paidós.
  • • Lebovici, S. (1988). El lactante, su madre y el psicoanalista. Amorrortu.
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